viernes, 9 de septiembre de 2016

Crítica Deathgasm de Jason Lei Howden






Antes de que Peter Jackson se viese inmerso en ese mundo fantástico ideado John Ronald Reuel Tolkien con sus trilogías de El Señor de los Anillos y El Hobbit. Estando en boca de todos y embarcándose en multimillonarios proyectos con gente de la talla de Steven Spielberg (Salvar al Soldado Ryan, Indiana Jones y la Última Cruzada). El neozelandés vio sus orígenes cinematográficos en las producciones de serie B de la talla de Mal Gusto o Braindead, tu madre se ha comido a mi perro. Películas en las que primaba el humor negro, el absurdo, la sangre y vísceras derramadas en grotescos espectáculos que acababan encantando al espectador más extremo.

Con claras intenciones de recoger el testigo dejado por Peter Jackson. Jason Lei Howden convierte su opera prima en un sucesor de estas producciones splatter. Por desgracia, lo hace sin demasiado acierto.

"Deathgasm nos lleva a un perdido pueblecito donde da a parar nuestro joven protagonista, Brodie (Milo Cawthorne). Metalero de nacimiento y vocación que acabará siendo el responsable de invocar al mismísimo Rey de los Demonios. ¿Sobrevivirán sus amigos y él para poder componer la canción más brutal de todos los tiempos?"




Una premisa simple, pero que promete grandes dosis de salvaje diversión. Sin embargo, Jason Lei Howden no ha sabido encarar nada bien esta película. Cierto que es serie B y que no pedimos sesudos argumentos, pero el problema viene cuando el director se deja llevar por los excesos y se pierde en su historia. Y a Deathgasm le ocurre esto (sobre todo en su recta final). Dando la sensación de que estamos viendo a un pollo descabezado poniéndolo todo perdido de hemoglobina.

Si algo podemos alabar de Deathgasm, es su estética. Todo gira alrededor de la música Metal (más concretamente los sub géneros Death y Black Metal). Y aunque en un principio podría pensarse que el tema sería tratado de forma paródica, Jason Lei demuestra que él vive esta música de igual forma que los protagonistas de la cinta. E imprime en el conjunto toda esa brutal aura y ambientación. Siendo toda una gozada para aquellos fans (aunque puede que logre desencantar a los neofitos), que seguro que no dejarán de aplaudir ante tanta referencia y chistes metaleros.




Puede que el primer acto resulte más indigesto para los buscadores de escenas sanguinolentas. Pero en mi caso ha resultado ser lo mejor de Deathgasm. La presentación de los personajes, eso de colar a nuestro protagonista en una familia fervientemente devota, los primeros acercamientos a la trama diabólica... En estas partes Jason muestra bastantes de los mejores momentos de la película y, irónicamente, es cuando el Infierno se desata cuando Deathgasm se pierde y acaba por no convencer tanto como debería.

Sin duda, a partir de ese momento la película aprieta el turbo para no soltarlo. Entregándose a un despiporre en el que se deja perder sin importarle nada más, llegando incluso a dejarme bastante hastiado en la recta final. Justo cuando debería estar flipando por el culmen de esta diabólica aventura.

Está claro que a parte de beber mucho de los primeros títulos de Peter Jackson. Deathgasm ve en Evil Dead su principal fuente de inspiración. Tanto es así que podríamos estar ante un maquillado remake del clásico de Sam Raimi (Darkman, Arrástrame al Infierno). Desde esas partituras que podrían haber sido arrancadas del mismísimo Necronomicón Ex-Mortis, a los poseídos que parecen primos hermanos de los gamberretes Deadites, pasando por la orgía de sangre y miembros cercenados a la que los personajes principales se entregan que henchirían de orgullo a tito Ash.




Y está bien que Jason quiera homenajear a estos referentes. El problema es cuando los hace parte vital de su historia y no se molesta en perfilar la mitología que presenta... ¿Acaso importa la pitonisa de la tienda de discos o ese culto/organización que parece que solo pasaba por ahí? ¿Y ese temible Rey de los Demonios? Todo acaba convirtiéndose en una triste anécdota. Aunque puede que esto pase para muchos desapercibido gracias al ritmo sin pausas de la película.




Jason Lei viene de trabajar en el campo de los FX´s de producciones de la talla de las películas como El Hobbit o Los Vengadores. Y muy agradecido estoy de que en esta película haga primar lo artesanal sobre lo digital (aunque cuando esto hace acto de presencia es de una forma terrible, no sabiendo si está realizado así a posta o no). Aunque sea una pena que la criatura final quede tan tosca y simple. 

¿Y qué es un splatter sin las dosis cómicas entre tanto desmembramiento? En este punto, Jason sigue demostrando ser muy irregular. Desde luego tiene unos cuantos momentazos para romper en sonoras carcajadas, pero no logra mantener ese nivel de sangriento gamberrismo a lo Metalocalipsis (recomendadísima serie de animación para todo amante del Metal) que roza en algunos momentos y que tanto pide esta película.

En cuanto a los personajes. La película decide centrarse en el triángulo conformado por Brodie, Zakk (James Blake) y Medina (Kimberley Crossman). Siendo una lástima que el dúo de nerds que son Dion y Giles queden relegados a un segundo o tercer plano, teniendo en cuenta lo cómicos y caricaturescos que son. La dupla de Brodie y Zakk resulta bastante decepcionante en comparación.



Aunque esta película me hace valorar más Éramos Pocos y Llegaron los Aliens..., no negaré que Deathgasm puede contentar a muchos espectadores. Sobre todo gracias a su corta duración y a lo vertiginoso de su ritmo. Que pueden lograr que todas las carencias que he comentado en esta reseña queden relegadas por el espectáculo de sangre, demonios y Metal que nos ofrece Jason Lei.

Y no puedo terminar la crítica sin valorar la vibrante BSO y avisar al posible espectador de que se quede hasta después de los créditos finales.

Deathgasm no me ha terminado de convencer. Aunque le daré una segunda oportunidad a Jason Lei Howden, quien se supone que está preparando la continuación de esta película. Donde espero que de verdad ponga toda la carne en el asador, pero sin perder nunca el brutal ritmo que se gasta.




Lo Mejor: El vertiginoso ritmo puede lograr que muchos no se fijen en sus carencias. La BSO y estética.

Lo Peor: Se pierde en su propuesta y homenajes.




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