viernes, 10 de junio de 2016

La Bruja de Robert Eggers





Vivimos en una época en la que el cine de terror se basa sobre todo en compactar el mayor número de jumpscares y litros de hemoglobina vertidos en pantalla, para tratar de contentar a una audiencia que ha distorsionado por completo este género. Convirtiendo en verdaderas raras avis, los intentos de recuperar el verdadero terror.

En los últimos años tan solo han sido Babadook, It Follows y Goodnight Mommy, las películas que de verdad han logrado meterme el miedo en el cuerpo. Por supuesto, ahora se suma a este selecto grupo la opera prima de Robert Eggers.

La película viene precedida de grandes alabanzas y galardones en los festivales de cine en los que se ha proyectado. E incluso la crítica especializada (incluyendo la de publicaciones como TIME, Rolling Stone, Variety, The New York Times...) se ha rendido a sus pies. Y, aunque es cierto que llegué a temer que este bombo acabase por pasarle factura, me alegra asegurar que todo está justificado. Además, esto ha ayudado a que haya tenido cierto recorrido comercial.

Robert Eggers nos invita a cerrar los ojos y abrirlos en el Siglo XVII. Una época en la que religión dominaba todos los aspectos de la vida. Al igual que los miedos y supersticiones, que crecían como la mala hierba gracias al gran desconocimiento general de la población y que apenas podían contrarrestarse con la precaria luz de las velas o los continuos rezos y oraciones.



Y uno de los mayores miedos de las puritanas gentes de esa época tomaba forma en la figura de las brujas y sus oscuros rituales. Quien, además de acabar con tu vida y maldecir a tus seres queridos, podía condenar tu alma inmortal. Este temor se convirtió en una paranoia que acababa en trágicos sucesos como los Juicios de Salem y las tantas cacerías de brujas que se llevaron a cabo.

La figura de la bruja no ha dejado de estar muy presente en la cultura popular. Y gran parte de la culpa la tiene el cine, que nunca ha perdido la oportunidad de hacerlas desfilar por la gran pantalla (de hecho, hace nada se estrenó El Ultimo Cazador de Brujas). Pero la mayor parte de las veces se muestran de forma muy superficial e incluso ridícula, no siendo este el caso. Se nota que Robert Eggers se ha esmerado en documentarse para realizar esta película (de hecho, se nos lo confirma en sus créditos finales). Incluso ha afirmado en las entrevistas, que son uno de sus mayores miedos desde su más tierna infancia en Nueva Inglaterra. Y ya trabajó con ellas en dos cortometrajes.

En La Bruja, acompañamos a una familia puritana, cuyo padre de familia protagoniza una fuerte discusión de fe con la colonia Inglesa con la que conviven y que deciden expulsarlos. Es así como acaban en una granja perdida en medio de la nada y rodeada de un profundo y siniestro bosque en la que esperan empezar de cero. Pero todo parece ir de mal en peor, y las desgracias no dejarán de hacer mella en los integrantes de la familia, quienes empezarán a desconfiar y creer que entre ellos se esconde una bruja que ha decidido maldecirlos...

Desde los primeros minutos, disfrutamos de un apartado técnico y estético EXQUISITOS. La sobria fotografía de Jarin Blaschke, junto a siniestra la ambientación, se aúnan para componer un ambiente bucólico que nos regala planos y escenas inquietantemente bellas y fascinantes. Incluso los pasajes más oscuros y grotescos alcanzan un nivel artístico tal, que el mismo Goya podría haberlos plasmado en sus cuadros. Todo acompañado por una BSO fantástica y malsana a partes iguales, que ensalza cada momento (siendo, para mí, el culmen, la macabra escena tras el rapto del pequeño Samuel. Momento que debe pasar a la historia del cine de terror moderno, sin duda). Todos estos elementos hacen que el visionado acabe siendo toda una experiencia visual de lo más interesante.



Es increíble que este sea el primer largometraje de Eggers, quien demuestra un talento que envidiarían muchos directores ya consagrados (no solo del género de terror). Se puede comprobar en cada plano y pequeño y mimado detalle que acaban componiendo ese todo que es La Bruja. Como, por ejemplo, en los diálogos, que retratan la forma de hablar de esa época (también fue parte de la documentación del director junto a los tratados de brujería). Aumentando, aún más si cabe, la sensación de inmersión del espectador y haciéndola funcionar, además, como una película de época.

No solo hay alabanzas para el director y su equipo técnico. Todo el reparto se corona con esta película, desde el matrimonio compuesto por Ralph Ineson y Kate Dickie (a ambos los hemos podido ver en la serie Juego de Tronos), el joven Harvey Scrimshaw, la prometedora Anya Taylor-Joy y hasta los pequeños Ellie Grainger y Lucas Dawson (si no son la pareja de niños más inquietantes del cine de terror desde las gemelas de El Resplandor, poco les falta). Cada uno de ellos saca lo mejor de cada personaje, quienes ya en su misma concepción, son la mar de interesantes y fascinantes. Eggers cuenta con un pequeño plantel de personajes, pero los utiliza de una forma soberbia, haciendo que cada interacción entre ellos sea única y memorable (como, por ejemplo, una simple riña de hermanos, que llega hasta los más terroríficos extremos).

La Bruja es una película de terror. Sí, puede que prime el suspense e incluso el drama (elementos que puede que hayan sido claves para conseguir tanto beneplácito de la crítica especializada), pero el terror no abandona nunca la pantalla. Y no es el terror simple al que nos han malacostumbrado. Robert Eggers se ha esmerado en recuperar el verdadero terror. El que nace del miedo a lo desconocido y que ha estado con nosotros desde el principio de la humanidad. El que no necesita mostrar para inquietar y aterrar. El que se clava en tu memoria y te asalta cuando las luces se apagan. Una pena que el que ya ha caído en las garras de lo comercial, crea que esto no es terror y llegue a menospreciarla mientras aguarda con preocupante impaciencia la secuela de Annabelle.



El subtitulo de la película "A New England Folktale" le viene que ni pintado. Eggers ha creado un excelente cuento oscuro moderno, que podría haberse contado hace siglos, a luz de una vela, para quitar el sueño a niños y adultos.

Lo cierto es que poco o nada malo puedo decir de esta película. Podría comentar que quizá su primera parte puede hacer perder a algún espectador (de los anteriormente citados), pero es indispensable para situar la historia y sus personajes. Aunque la película se cocine a fuego lento, la sensación de inquietud es palpable desde los primeros diez minutos, llegando a ser asfixiante en varias partes. Y todo va in crescendo hasta llegar a un clímax que sucumbe en un delicioso y memorable desenlace que pone un excelente punto y final a este arrollador film.

Esperemos que Robert Eggers no se duerma en los laureles y no pierda su buen hacer, para que nos regale muy pronto otra joyita cinematográfico como es esta La Bruja.




Lo Mejor: TODO.

Lo Peor: Que el cine de terror comercial haya hecho que no todo el mundo pueda disfrutarla.




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