Castle Rock Asylum

Bienvenidos a la locura.

La Autopsia de Jane Doe de André Øvredal

Crítica por Rubén "Reaper" GonzáleZ.

El terror en la mochila: Cortijo Jurado (Málaga)

Por Chica Sombra.

La Sala Común: Outcast T.1

Crítica por Rain Cross.

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lunes, 22 de mayo de 2017

Crítica La Autopsia de Jane Doe de André Øvredal





Seis años ha tardado el noruego André Øvredal en volver a ponerse tras las cámaras en solitario. Seguro que somos unos cuantos los que recordamos la curiosa Trollhunter, uno de los pocos mockumentarys que merece la pena ver. Y André vuelve a sorprender en gran medida con La Autopsia de Jane Doe.

Jane Doe es como se denomina en Estados Unidos a los cadáveres cuya identidad es desconocida. Uno de estos cuerpos es hallado en misteriosas circunstancias y es trasladado a una funeraria regentada por un padre y su hijo adolescente que desconocen los terribles secretos que oculta el cuerpo... ¿Sin vida?




Aunque el tema de la Muerte y el miedo a ella sea bastante atractivo de tratar, André decide pasar de ello aunque estemos rodeada de ella. Busca centrarse en lo que mueve el relato, que es la citada autopsia al níveo cuerpo de Jane Doe, y nos da una primera parte que es todo un regalo y una magistral lección de cómo hacer cine de género.

El truculento tema de la autopsia es bastante suavizado, en un principio, a ritmo de la música de la veterana radio de los forenses. Y aún así nos encontramos ensimismados observando atentamente cada corte y cada órgano extraído con el que tratar de esclarecer el misterio detrás de ese bello cadáver, al que se le suma el tono detectivesco a lo Sherlock Holmes que se trae el hijo del protagonista. Y que hace alcanzar a esta primera parte el estatus de thriller.




En todo momento de esta parte nos encontramos en la misma tensión y experimentando las mismas emociones de los protagonistas. Todo esto gracias a la estupenda labor de Øvredal tras las cámaras, a lo que se une el inmejorable escenario que es esa morgue familiar, creando una opresiva atmósfera digna de las películas de terror más clásicas o de algún relato de Stephen King o los cómics de EC.

Es cuando La Autopsia de Jane Doe entra en terrenos más sobrenaturales cuando el conjunto se resiente bastante y da la sensación de que nos encontramos ante dos películas completamente diferentes.

Aunque la revisión del ser a tratar es bastante ocurrente (lo mismo pasó con Trollhunter), esto queda opacado por un carrusel de clichés y pasajes cientos de veces vistos en el cine de terror actual que no le hacen ningún bien ni eran necesarios.




Por lo visto, André quiso realizar una película de terror más clásico al ver Expediente Warren. Para ello encontró un guión escrito por los primerizos Ian B. Goldberg y Richard Naig. Y como desconozco si todo lo que critico negativamente estaba en el libreto o viene por iniciativa propia de Øvredal, no puedo acusar con total seguridad a los responsables de hacer que esta película caiga en el fango del que, supuestamente, pretendía escapar.

Aún así, toda esta parte no entierra del todo la película y se mantiene a flote hasta ese final que nos deja con esa sensación de mal cuerpo que seguro que muchos fans del cine de terror echamos de menos.




Es necesario recalcar el gran trabajo de los actores Brian Cox y Emile Hirsch, que se complementan muy bien y logran generar una complicidad que hace que de verdad te de la sensación de que son padre e hijo. Olwen Catherine Kelly también acaba quedando en el recuerdo del espectador con su inmóvil, mudo e inquietante personaje.

Ya tan solo por su magistral primera parte, merece la pena darle una oportunidad a La Autopsia de Jane Doe. Y aunque el descenso de nivel en su segunda parte se nos antoje tan dolorosa, no impide que siga colocándose muy por encima de la mayoría de películas de terror de nueva generación.




Lo Mejor: Su primera parte y sus protagonistas.

Lo Peor: Una innecesaria segunda parte que opta por caer en los elementos del terror comercial.



miércoles, 17 de mayo de 2017

El terror en la mochila: Cortijo Jurado (Málaga)



Hoy cojo la mochila del terror para irme a un sitio que me pilla mucho más cerca de lo habitual y donde tengo mis raíces. Visito en esta ocasión Cortijo Jurado, en Málaga, la tierra de mi madre. Ya desde lejos impresiona, ¿verdad? Pues dejadme que os cuente su historia...

A finales del siglo XIX, la familia Heredia mandó construir este señorial cortijo, que les perteneció hasta los años 70, cuando la familia Jurado lo compró y le dio el nombre por el que hoy se le conoce. Tiene la friolera de 2.500 metros cuadrados con patio central, capilla y torre mirador. Y muchísimas habitaciones con la friolera de 365 ventanas, según cuentan los rumores, una para cada día del año. También tenían sótanos con pasadizos secretos, que llevaban bajo tierra a otra hacienda, donde vivían unos amigos de los dueños.  

Desde hace décadas, miles de curiosos se han internado entre sus paredes, saliendo algunos muy mal parados, como Julio, un chico de 20 años que se quedó en silla de ruedas. Al parecer, dice que algo o alguien lo empujó al fondo de un pozo, donde perdió la movilidad de su cuerpo. Otras cinco chicas desaparecieron, hallando sus mutilados cuerpos después en una zona cercana a esta vivienda. Los que las encontraron dijeron que tenían signos marcados de rituales satánicos.




Curiosidad: Durante la Guerra Civil, sus sótanos se convirtieron en los calabozos donde encerraban a los pobres hombres a los que más tarde fusilaban.

¿Os atrevéis a venir conmigo?

Fuentes:

http://www.diariosur.es/malaga-capital/201503/07/verdadera-histora-cortijo-jurado-20150306222014.html



lunes, 15 de mayo de 2017

La Sala Común: Outcast T.1



Luces entre las sombras.

Kyle Barnes es un joven que se ha visto afectado por posesiones demoníacas toda su vida. Ahora, con la ayuda del reverendo Anderson, un predicador con sus propios demonios personales, Kyle se embarca en un viaje para encontrar respuestas para conseguir tener una vida normal. Pero lo que Kyle descubre podría cambiar su destino (y el destino del mundo) para siempre.

Con esta premisa se nos presenta Outcast, serie basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman (creador The Walking Dead) y que tenía muchas ganas de ver.

El primer capítulo fue una gozada. Descubrimos a un niño poseído por un demonio (magnífica interpretación de Gabriel Bateman, al que también vimos en Nunca Apagues la Luz) y conocemos a Kyle Barnes (Patrick Fugit), un hombre al que desde niño le han perseguido los demonios y que parece tener poder sobre ellos, y al reverendo Anderson (Philip Glenister), un cura con mucho que esconder.


A medida que avanza la serie, vamos descubriendo a cuentagotas el porqué los demonios rondan siempre al bueno de Kyle, su oscuro pasado y que puede que su pequeño y aparentemente tranquilo pueblo no sea lo que parece.

La verdad es que la idea me ha encantado. Ese mundo donde los humanos y demonios conviven de alguna forma, incluso en equilibrio en algunos casos, y en el que todo el mundo tiene algo que ocultar.

También me gustó la forma en la que trata el tema demoníaco y de los exorcismos, muy poco ortodoxos, y siendo los demonios más una especie de parásitos que espíritus que poseen los cuerpos de los humanos.

Los personajes están muy bien perfilados. Kyle Barnes me encanta. Tanto la interpretación como su historia. Llegas a empatizar con él y, a pesar de que a veces te puedas llegar a enfadar sus decisiones, entiendes el motivo de ellas. El reverendo Anderson es otro cantar. Es alguien que podría parece que hace las cosas de modo altruista, pero es más egoísta de lo que parece, y a pesar de que en algunos momentos ayuda a Kyle, en muchas ocasiones es por su propio interés. Habrá que esperar a ver cómo evoluciona su personaje en la segunda temporada.
Y por último, mencionar a Sidney (Brent Spiner), al que todo augura será un gran villano y que me recuerda a Flagg de Apocalipsis de King. Habrá que seguirlo muy de cerca.


Lo qué sí he encontrado que es muy irregular. La trama empezó de maravilla y se fue desinflando capítulo a capítulo. Tiene momentos muy buenos, pero la narración se hace a veces demasiado lenta.

El capítulo final, abierto debido a la segunda temporada, está interesante, pero sigue faltándole ese toque oscuro y escalofriante que nos brindó el principio de la serie. Y debo decir que el título de ese episodio es un spoiler con patas.

A pesar de sus altibajos, Outcast me ha parecido muy entretenida, con buenos momentos, en ocasiones incluso aterradores, pero a la que le falta, al igual que la otra creación de Kirkman, algo de ritmo para acabar de engancharme.
Aún con esto, tengo muchas ganas de empezar a degustar la segunda temporada, actualmente en emisión en Fox España.

¿Y tú? ¿Quieres conocer al paria?


viernes, 12 de mayo de 2017

Crítica Nunca Digas Su Nombre de Stacey Title




Con un considerable retraso en su fecha de estreno (se estrenó en USA el pasado mes de enero) ha llegado a los cines españoles Nunca Digas Su Nombre (The Bye Bye Man). Esta película supone el regreso de la directora Stacey Title, que lleva ya once años sin tocar una cámara, y la adaptación de un relato de Robert Damon Schnek. ¿El resultado?... Pues una de las películas de terror más sosas y desganadas que un servidor ha visto en mucho tiempo.

Nunca Digas Su Nombre sigue una práctica que se lleva viendo bastante en las películas de terror actuales. Y esta es la de realizar un potente y atractivo prólogo que sea todo lo bueno de la película. Y en esta ocasión la práctica es llevada al extremo, pues la brutal secuencia de inicio tiene toda la intensidad e inquietante atmósfera que podría haber hecho brillar a cualquier producción de estas características. Pero, claro. Al finalizar nos vuelven a endiñar los jóvenes protagonistas de turno y la historia se muestra simplona y cliché. Convirtiéndose en la enésima producción de terror que espera llenar salas de condescendientes espectadores que busquen un par de sobresaltos que los mantenga atentos durante la duración de la propuesta.




La misma traducción del título en español resume la película. El nombrar al ser que acecha en la película sirve como invocación, tal como ya pasó con Beetlejuice o Candyman. Aunque en esta ocasión solo hace falta decirlo una vez y se le añade el detalle de que el nombre está formado por una despedida. Algo que impulsa el film pero que este no aprovecha (aunque esto se convierte en tónica general).

La película se desarrolla sin ninguna sorpresa (excepto por los típicos jumpscares), vaga por sendas ya cansadas de transitar por los fans del género de terror y deja una sensación de desaprovechamiento bastante preocupante. Porque está claro que la historia estaba en el personaje de Leigh Whannell y su aterrador descubrimiento y no en ese trío de universitarios. Pero aún con todo esperaríamos que aprovechasen al Bye Bye Man como para justificar el visionado, ¿no?...




Más que una criatura, se supone que estamos ante una entidad. Algo que fuerza a la gente a hacer cosas horribles y que tiene el poder para provocar terribles visiones a sus víctimas. El darle un aura de misterio no está mal, pero la cosa cambia cuando la película prácticamente no se molesta en dar forma a la mitología tras este personaje. Porque está claro que hay intenciones de convertir al Bye Bye Man en un icono del nuevo cine de terror (no es difícil encontrar su referente a batir en el Bughuul de Sinister). Pero todo cae en saco roto, y seguramente el Bye Bye Man caiga en el olvido en unos cuantos años.




A esto se le suma la pobre caracterización del actor Doug Jones (habitual en el cine de Guillermo del Toro, habiendo sido el Fauno del Laberinto o Abe Sapien en Hellboy), que se adecua más al nivel de un capítulo de la serie Sobrenatural que una película. Por no hablar de los DEPLORABLES efectos digitales que nos echan en cara. Y lo cierto es que solo son en dos elementos (el fuego y el sabueso infernal del Bye Bye Man), pero resultan bastante criticables para una película que tiene un recorrido en cines (no estamos ante un film de Syfy directo para la televisión).

Exceptuando al ya citado Leigh Whannell, el reparto apenas logra cumplir. E incluso la participación de Carrie-Anne Moss (nuestra Trinity en la trilogía Matrix) se queda en pura anécdota y en un intento de poner alguna cara famosa en el elenco.





Nunca Digas Su Nombre no se molesta ni en relucir su mayor baza (el Bye Bye Man) y ni siquiera se muestra como una opción para entretenerse (y menos, aterrarse).

La película ha manejado un presupuesto reducido y ha generado unos buenos ingresos (incluso en nuestro país seguro que La Fiesta del Cine habrá contribuido bastante). Lo que, aunado al cliffhanger con el que se despide el film, amenazan con dar a luz una secuela.




Lo Mejor: El prólogo.

Lo Peor: Todo lo demás.



miércoles, 10 de mayo de 2017

El terror en la mochila: Hotel en El Salto (Colombia)



Hoy vuelvo a coger mi mochila, que cada vez pesa más por el terror acumulado, y me voy a Colombia, a visitar un hotel abandonado desde hace 27 años. El hotel de El Salto.

Este hotel data del año 1924, cuando lo crearon, en la cima de una gran cascada, para alojar a la gran élite colombiana. Algunos dicen que la polución de las aguas fue lo que llevó este bonito hotel al abandono, pero lo cierto es que los huéspedes no querían permanecer allí y se iban, la mayoría de las ocasiones, sin completar su estancia. Muchos hablaban de fantasmas. Abocado al fracaso, cerró sus puertas en 1990.

La cascada, de 157 impresionantes metros de altura, se ha convertido en una leyenda. ¿Por qué? Porque los suicidas han hecho de este hotel, su último salto. Muchos turistas afirman que han visto los espectros de las almas en pena que decidieron arrojarse al vacío, y que encontraron la muerte en estas aguas bravas que terminan en un abismo rocoso.

Lo cierto es que el hotel está reconvertido en museo y muchos de sus cuidadores, así como expertos en temas sobrenaturales que se han acercado hasta allí, confirman lo que dicen los turistas. Al parecer, se escuchan los gritos de los pobres desgraciados que han perdido allí la vida, los (aparentemente) mismos gritos que lanzaban mientras caían hacia su elegida y segura muerte.


Fuente:

http://peru.com/viajes/noticia-de-viajes/hotel-salto-lugar-embrujado-colombia-fotos-noticia-264397



viernes, 5 de mayo de 2017

Crítica The Void de Jeremy Gillespie y Steven Kostanski





No son pocos los directores que han intentado, a lo largo de los años, realizar una adaptación o una película influenciada por los Mitos de Lovecraft. Los que han tenido más suerte han sido sin duda el gran John Carpenter con su trilogía del Apocalipsis (La Cosa, El Príncipe de las Tinieblas, En la Boca del Miedo) y Stuart Gordon (Re-Animator, Dagon, la secta del mar) en la parte más visual y splatter. En España lo intentamos sin suerte con las dos entregas de La Herencia Valdemar y hay una ingente cantidad de títulos que se amparan en lo "Lovecraftniano" para colarnos unas cuantas monstruosidades tentaculares y alguna mención a Cthulhu o al Necronomicón e intentar ganarse unos aplausos a costa del solitario de Providence.

The Void llega para colocarse en un agradecido término medio. No contentará a los eruditos Lovecraftnianos pero resulta ser, por momentos, algo más que un facilón horror tentacular.




Los artífices de esta película son Jeremy Gillespie y Steven Kostanski, Maquilladores profesionales (entre sus trabajos están los realizados en Silent Hill: Revelations, Crimson Peak, Suicide Squad) cuyos primeros intentos en la dirección resultaban ser gamberradas de serie B del nivel de Father´s Day o Manborg. En The Void tratan de ponerse más serios y sacan a relucir todo su arsenal de influencias (quizás demasiadas) para dar forma a este endiabladamente disfrutable relato de viscerales engendros y siniestros cultos a innombrables deidades..

Desde su primera secuencia, la película sumerge al espectador en esta sangrienta aventura que colocará a un grupo de desdichados personajes en un hospital semi abandonado en el que el verdadero horror puede que se encuentre en el interior del edificio y no en el exterior junto a todos esos misteriosos encapuchados.




No engaño a nadie si digo que la premisa es bastante simple y que en la mayor parte del metraje resulta bastante desconcertante (aunque pueda parecer que no, está claro que ni los propios directores no tenían claro bastantes cosas al dirigir). Pero a base de tratar de explotar los aciertos de la cinta y aprovechar su duración para hacer un ejercicio de survival horror que no pueda aburrir al espectador, logran sacar a flote The Void.

El gran acierto y lo más valorable es sin duda los FX´s y maquillajes artesanales. Pura delicatessen para los amantes del cine de terror añejo que no estaba pervertido por el uso del CGI (ojo, que en esta peli también tenemos pantallazos verdes, pero solo en las partes verdaderamente necesarias y de cara al final). Se nota que los directores tienen experiencia en este campo (porque hay que recalcar que el presupuesto para esto se financió con un crowdfunding), los horrores de su particular Infierno son trasladados de la mejor de las maneras y acaban contribuyendo al ejercicio de nostalgia que ha iniciado con el envoltorio puramente ochentero con el que se oferta ante el espectador ávido de este movimiento (algo curioso que no suele ocurrir con esta clase de películas es que la BSO sea tan olvidable y desechable).




No es nada complicado ver las referencias y homenajes que se suceden a lo largo del metraje. Ya tan solo la premisa inicial resulta una mezcolanza de títulos "Carpenterianos" (Asalto a la Comisaría del Distrito 13, La Cosa, En la Boca del Miedo) que juguetean también con el Clive Barker de Hellraiser. Las criaturas parecen un visceral híbrido entre las creaciones de la Nueva Carne de David Cronenberg y las abominaciones del videojuego Dead Space. Y este carrusel no tendría porqué detenerse aquí. Pero me gustaría dejar claro que en este ejercicio, la película se pierde bastante. Una pena teniendo en cuenta que juega a su favor una mitología propia atractiva y que pedía a desesperados gritos ser explotada. Ya solo la legión de mudos e inquietantes encapuchados daban para levantar sin problemas la película.




Los personajes contribuyen a aumentar la sensación de desconcierto y desesperación en la que se suma The Void. Aunque se eche en falta algo más de exposición en alguno de ellos (sobre todo en la violenta pareja formada por Daniel Fathers y Mik Byskov), pero cumplen con su cometido.

En la recta final es donde podemos descubrir que los directores han querido arañar un poco la superficie del interesante tema cósmico de la literatura de Lovecraft. Y aunque llega un poco tarde y puede ser la puntilla que saque de la experiencia al espectador medio, un servidor ha agradecido bastante este intento.

Querer buscarle pegas a The Void es un ejercicio de rizar el rizo, es no querer disfrutar de una película que supondrá una buen rato de brutal y sanguinolento divertimento para cualquier espectador del cine de terror. Es una pena que no aprovechase todo su potencial para convertirse en una verdadera "obra de culto", pero como Lovecraftniano divertimento y carta de amor al cine de terror ochentero cumple con nota.




Lo Mejor; El ejercicio de añadir a la trama el componente cósmico de Los Mitos. Los efectos especiales artesanales.

Lo Peor: No aprovechar su interesante mitología propia y perderse entre tanto homenaje.